En las regiones desérticas del noroeste de México el ganado bovino para carne se mantiene gran parte del año en áreas de pastoreo basadas en pastos y arbustos en estado fenológico de latencia, forrajes que durante esa etapa tienen una calidad nutricional menor a las demandas de los animales para llenar sus requerimientos (Gutiérrez 1991). La limitación de ciertos nutrientes como la energía, el nitrógeno disponible en el rumen y los aminoácidos contribuyen a una productividad animal inferior a lo deseado (Titgemeyer y Loëst 2001).

Es sabido que la nutrición tiene efectos importantes en la eficiencia reproductiva (Hess y col 2005). Tanto las tasas de preñez como la actividad ovárica posparto son afectadas en vacas que han tenido un consumo restringido de energía antes y/o después del parto y para que una vaca continúe en un ciclo de producción anual debe de preñarse dentro de los 90 días que siguen al parto (Freetly y col 2006).

La suplementación de lípidos en la dieta ha sido utilizada para cubrir las demandas nutricionales asociadas a la producción de leche y reproducción (Hess y col 2005), observándose además que las grasas pueden tener efectos positivos directos sobre la reproducción en el ganado bovino para carne (Funston 2004) incrementando la fertilidad (Espinoza y col 1995). Se han estudiado varias fuentes de ácidos grasos en la dieta de rumiantes como la semilla de girasol, semilla de cártamo, semilla de algodón, salvado de arroz, pasta de soya, harina de pescado, sebo animal y las sales de calcio de ácidos grasos, observándose que su consumo influye en algunas funciones reproductivas (Funston 2004).

Las grasas de la dieta influyen en la reproducción alterando el tamaño del folículo preovulatorio (Zachut y col 2008), reduciendo el intervalo a la primera ovulación posparto en bovinos de carne, incrementando la concentración de progesterona durante la fase lútea del ciclo estral, modulando la síntesis de prostaglandina en el útero y mejorando la calidad y capacidad de desarrollo tanto del ovocito y del embrión (Santos y col 2008).

Se ha especulado que los lípidos de la dieta actúan como agentes distribuidores de nutrientes que pueden cambiar el uso de la energía de un proceso metabólico a otro, incrementando con ello el potencial de las vacas para almacenar grasa corporal y ganar o mantener su condición corporal (Bottger y col 2002). La incorporación de grasas protegidas de la digestión ruminal (Moallem y col 2007) o de sebo de bovino (Bobe y col 2009) a la dieta de vacas lecheras incrementa la producción de leche. Sin embargo, en bovinos para carne ese tipo de estudios son escasos, a pesar de que la producción de leche es uno de los factores que determinan el peso de las crías al destete (Auchtung y col 2002).

De acuerdo a los planteamientos anteriores, la suplementación de grasas a vacas para carne explotadas en sistemas de producción de pastoreo en agostadero podría servir como una estrategia para mejorar el comportamiento productivo y reproductivo. Es por eso que el objetivo del presente trabajo fue evaluar el efecto de la grasa bovina y de una grasa protegida de la digestión en el rumen sobre la producción de leche, crecimiento de los terneros, peso y condición corporal, concentración sérica de algunos metabolitos de los lípidos y tasas de preñez de vacas para carne en pastoreo.

La investigación sobre la suplementación de grasas ha dado resultados inconsistentes y variados en relación a la eficiencia reproductiva, incluyendo efectos positivos, negativos y efectos no aparentes (Funston 2004). Sin embargo, los resultados de este estudio concuerdan con otros en los que el porcentaje de vacas preñadas en la primera mitad de la temporada de apareamientos fue superior en los animales que consumieron grasa protegida de la digestión ruminal a partir de los 60 días preparto (Espinoza y col 1995); concuerdan también con un reporte de Hess y col (2005) cuyas evidencias revelan un mejoramiento en las tasas de preñez en vacas de carne suplementadas con grasa durante la última etapa de la gestación.

La utilización de dos dietas hiperlipídicas distintas (21 y 17% de grasa; 1,8 kg/día) mejoró la presentación de estros en vacas de dos años de edad y las tasas de concepción al primer servicio en vacas maduras cuando se suplementaron durante 51 y 45 días posparto, respectivamente, en comparación del grupo testigo que consumió un 1,8 kg/día de un suplemento con 3% de grasa (Bader y col 2000).

Una situación apropiada para la suplementación de grasa puede ocurrir cuando las pasturas en el sitio de pastoreo son limitadas ya que la utilización de lípidos adicionales en el suplemento de vaquillas bien desarrolladas o en vacas con una condición corporal adecuada pastoreando en áreas con suficientes recursos forrajeros podría no tener beneficios más allá del aporte de energía en la dieta (Funston 2004).

La suplementación de grasas en el ganado bovino causa una serie de cambios metabólicos que pudieran relacionarse con las funciones reproductivas que dan lugar a mayores tasas de preñez, como es el incremento en las concentraciones basales de insulina en vacas para carne (Thomas y Williams 1996). Este fenómeno se ha observado en vacas ciclando y en respuesta a la suplementación con grasa durante el periodo posparto (Williams y Stanko 2000). Las concentraciones séricas de insulina también se incrementan gradualmente en respuesta a otro tipo de grasas como el sebo de bovino (Thomas y Williams 1996). Las mayores tasas de preñez observadas en el presente estudio podrían relacionarse con una mayor viabilidad embrionaria en las vacas suplementadas con grasas ya que se ha demostrado que el uso de jabones de calcio de ácidos grasos en vacas lecheras provoca el desarrollo de blastocistos con una mayor cantidad de células, tanto en su masa interna como en el trofoectodermo (Fouladi-Nashta y col 2007).

Coincidiendo con los resultados del presente trabajo, estudios previos indican que las grasas protegidas de la degradación ruminal en bovinos para carne (Espinoza y col 1995) y en ovejas (Ghoreishi y col 2007) y el consumo de sebo de bovino en ovejas (Espinoza y col 1998) promueven un aumento en los niveles plasmáticos de colesterol, lipoproteínas de alta densidad, lipoproteínas de baja densidad y triglicéridos. La suplementación de grasa en rumiantes incrementa marcadamente el transporte de lipoproteínas a partir del intestino delgado aportando el sustrato para la síntesis de progesterona durante la fase lútea del ciclo estral (Hawkins y col 1995), contribuyendo con ello a una mayor calidad y capacidad de desarrollo del embrión (Santos y col 2008). Algunos ácidos grasos poliinsaturados (eicosapentaenoico y docosahexaenoico) pueden favorecer la fertilidad del ganado suprimiendo la síntesis de PGF2-alfa al regular la expresión de algunos genes implicados en la biosíntesis de la hormona señalada (Coyne y col 2008).

Las evidencias anteriores podrían explicar al menos de manera parcial los beneficios del consumo de grasa en bovinos sobre las tasas de preñez si se considera que tanto las lipoproteínas de alta densidad como las lipoproteínas de baja densidad promueven in vitro la viabilidad de las células de la granulosa de folículos en distintas etapas de desarrollo, incrementando la proliferación de las células de la teca provenientes de folículos preovulatorios y estimulan la producción de IGF-I por la granulosa y células de la teca (Williams y Stanko 2000).

De acuerdo con los resultados obtenidos en el presente estudio se concluye que la suplementación durante el periodo de sequía de grasa bovina y de grasa protegida de la digestión ruminal en la dieta de vacas para carne en condiciones de pastoreo incrementó la producción de leche durante el primer tercio de la lactación, el crecimiento de los terneros, la condición corporal de las vacas reduciendo su pérdida en el periodo posparto, los niveles séricos de los metabolitos de los lípidos y las tasas de preñez.

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