El bovino es una de las especies más adaptables y posee mecanismos homeocinéticos para mantener las funciones corporales críticas a expensas de cambios en otras funciones fisiológicas, como la reproducción, de tal manera que la función reproductiva es determinada en gran medida por el ambiente.

La reproducción es influenciada primordialmente por el estrés ambiental y el de manejo. El primero incluye a la temperatura exterior, el frío y/o calor, viento y humedad, en tanto que el segundo abarca a la densidad y el flujo de animales, la interacción entre animales de la misma o diferente especie y las condiciones sociales existentes, como estados de angustia psicológica inespecífica, ruido, trauma físico y otras. La combinación de ambos tipos de estrés compromete gravemente la homeostasis. A ellos deberían agregarse algunos tipos de estrés físicos (transporte inadecuado, daño psicológico, aislamiento de los animales) y fisiológicos (hipoglucemia, cambios de la presión sanguínea), todos ellos capaces de generar disfunciones reproductivas en los mamíferos.

El mantenimiento de la temperatura corporal normal se conoce como homeotermia y es de importancia vital para el funcionamiento de los tejidos encefálicos. En el bovino, la variación diurna de la temperatura corporal debe ser de 0,6 a 1,2°C. Un aumento mayor es signo de enfermedad o de mala adaptación a la elevación térmica. Este rango de temperatura se conoce

como zona de confort y varía de acuerdo a la especie y a las razas de animales. Cuando la temperatura corporal es inferior o superior a su grado de confort, el ritmo metabólico disminuye o aumenta, presentándose un desequilibrio en el bienestar animal. El calor corporal es eliminado a través de los mecanismos de radiación, conducción, convección y evaporación.

Los efectos del estrés sobre la actividad reproductiva varían según el sexo de los animales.

Efectos en el macho. El estrés ambiental puede provocar baja calidad seminal, la cual está íntimamente relacionada con la reducción de la fertilidad de las hembras, debido probablemente a una combinación de bajas tasas de fertilización y aumento de la mortalidad embrionaria.

La exposición directa del testículo a temperaturas altas, provoca alteraciones en ciertas etapas críticas de la espermatogénesis, lo cual también está directamente relacionado con la calidad del eyaculado.

Estudios recientes sugirieron que el efecto del estrés térmico sobre la calidad de los espermatozoides puede soslayarse con la puesta en marcha de la tecnología de la congelación seminal; sin embargo, el útero de las hembras puede representar estrés térmico para los espermatozoides.

Efectos en la hembra. El comportamiento sexual y la tasa de fertilidad son los principales indicadores reproductivos que se afectan negativamente en las hembras por el estrés ambiental. Los programas emprendidos con el fin de aumentar la fertilidad de las hembras domésticas, tienen menor éxito en las épocas calurosas que en las templadas. Un aumento de la temperatura uterina de 0,5°C durante días calurosos, provoca disminución de la tasa de fecundación. En los bovinos, la exposición de novillas a 32°C durante 72 horas después de la inseminación artificial, inhibe el desarrollo embrionario. Sin embargo, se sabe que el 48% de las hembras mantenidas a 21°C, puede resultar fertilizada sin problema alguno. Si el estrés térmico se presenta después de los 10 días posteriores al servicio, la fertilidad no es afectada.

Estudios en novillas y vacas han revelado que la disminución de la calidad del ovocito en el período temprano del posparto, está asociada con balance de energía negativo y con bajas condiciones corporales, lo cual se expresa en aumento de embriones subdesarrollados y anormales, teniendo como consecuencia pérdida de embriones en los meses más calurosos del año.

Se afirma que en los bovinos, el desarrollo embrionario es altamente sensible a altas temperaturas, entre los primeros tres a once días después del servicio, adquiriendo más tolerancia a altas temperaturas a medida que el periodo de gestación avanza. Los embriones obtenidos mediante fecundación in vitro, son más susceptibles al estrés calórico que los obtenidos en condiciones naturales. La mayor pérdida de embriones de bovinos obtenidos de fecundaciones in vitro, ocurre antes de los 42 días, cuando las hembras están bajo estrés calórico. 

Recomendaciones para controlar el estrés

Para evitar el estrés calórico se deberá proporcionar un sistema de ventilación que controle la temperatura corporal, implementar rociadores de agua, proteger a los animales contra las radiaciones solares directas e indirectas por medio de sombras o techos apropiados, proporcionar sombra en comederos y bebederos para aumentar el consumo de alimento en animales con estrés calórico, proporcionar a los animales baños por aspersión en las horas más calurosas del día, tratar de tener animales con pelaje blanco ya que disipan mejor el calor que los de capa negra y por lo tanto son menos sensibles al estrés calórico, desarrollar genética adaptada en los animales dado que pueden tornarse menos sensibles al estrés calórico, implantar embriones congelados e inseminar con semen congelado en la época menos calurosa.

Para minimizar el estrés por manejo es conveniente disponer de áreas libres y con sombra en la unidad de producción, proporcionar el área requerida por animal para su mayor confort, bañar a las hembras antes del servicio y a los 3–5 días siguientes, inseminar o dar servicio en períodos menos calurosos, implementar programas de sincronización de estros para programar las inseminaciones o servicios y no aislar a las hembras por mucho tiempo antes de la inseminación artificial o servicio.

Para soslayar el estrés nutricional habrá que balancear adecuadamente las dietas, proporcionando la energía  hipocalórica necesaria (Grasa Sobrepasante) para compensar eventuales disminuciones de la ingesta, reducir la ingesta de fibra y aumentar la de proteína y energía. En general, se procurará dar bienestar a los animales, evitando el estrés mediante el buen manejo del estado higiénico–sanitario y nutricional.

El manejo dietario debe contemplar la suplementación con minerales como selenio, calcio y fósforo, además de vitaminas A, C y E, cuyo poder antioxidante resulta fundamental para el mantenimiento de la salud de los animales.

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