Las relaciones entre Nutrición y Salud humana han sido estudiadas extensamente en los últimos años, como consecuencia de la creciente preocupación de los consumidores  de los países occidentales por la seguridad alimentaría, pero también por las posibilidades de utilización de la dieta como vehículo para la ingestión de nutrientes que han demostrado efectos favorables en la prevención y control de enfermedades.

Desde este punto de vista, los lípidos constituyen una fracción de la dieta  particularmente significativa, al haber sido relacionados con la obesidad, la incidencia de problemas cardiovasculares y algunos tipos de tumores. Aunque se ha establecido que varios de sus componentes (vitaminas A y E, lecitina, AG  -3) tienen una influencia claramente positiva sobre la salud humana, la presencia de lípidos en la dieta es considerada globalmente como negativa, de forma que la mayoría de las normas oficiales de alimentación recomienda limitaciones en su consumo. Estas normas han tenido un claro impacto en la demanda de productos alimenticios y han determinado cambios notables en los sistemas de producción animal, dirigidos hacia la obtención de alimentos con un menor contenido total en grasa.

Una actualización de la literatura reciente sobre este tema (Williams, 2000) muestra las diferencias entre los efectos específicos de los distintos ácidos grasos (AG) sobre la salud humana. Así, los AG saturados de cadena media (C12:0 – C16:0) presentes en las grasas animales, pero sobre todo en los aceites de coco,  palmiste y palma, altamente  utilizados por la industria de la alimentación humana, incrementan tanto la concentración total de colesterol en plasma como la de LDL, mientras que los de mayor longitud de cadena, como el ácido esteárico, serían más inertes desde este punto de vista.

Por otra parte, la ingestión de AG monoinsaturados, abundantes en los aceites de oliva y colza, pero también en la grasa animal, tendría un efecto positivo, reduciendo el nivel de LDL en plasma. El efecto hipocolesterolémico es mayor cuando se ingieren AG poliinsaturados, pero en este caso se recomienda limitar su ingestión, por tratarse de nutrientes potencialmente oxidables y por sus efectos antagónicos con el metabolismo de los AG  -3.

Estos últimos están presentes de forma natural en los aceites de soja y colza y, sobre todo, en los de pescado, algas y linaza, y han demostrado su eficacia en la prevención de problemas cardiovasculares (efecto antiaterogénico y antitrombótico), en la reducción del  crecimiento de tumores de distintos tipos, así como por sus efectos antiinflamatorios y en el desarrollo del cerebro y de las funciones mentales.

Por ello, las recomendaciones dietéticas proponen un consumo mínimo, así como una relación máxima AG  -6/AG  -3, para favorecer la síntesis de productos activos de estos últimos a partir de sus precursores.

Dada la dificultad práctica de alcanzar los niveles recomendados con las dietas medias actuales, se han desarrollado productos (huevos y leche) artificialmente enriquecidos en AG  -3.

El Acido Linoleico Conjugado también parece tener efectos antilipogénicos y lipolíticos en una amplia Variedad de especies animales, tanto rumiantes como monogástricos (Azain, 2003), lo que tiene interés comercial tanto para la alimentación animal como para la especie humana.

Importancia de la composición en la nutrición humana

La leche aporta un conjunto de nutrientes importantes para el normal desarrollo

de los niños y su consumo diario ha sido recomendado por la FAO. La proteína de la leche es de excelente calidad. La grasa de la leche ha sido relacionada con problemas de salud, especialmente con enfermedades coronarias, niveles altos de LDL y arteriosclerosis debido a su alto contenido de ácidos grasos saturados (70%) y el contenido bajo de ácidos grasos insaturados (30%) (Jensen, 2002). Recientemente, se ha comprobado que determinados ácidos grasos y en particular el Ácido Linoleico Conjugado (ALC), presente en ella, proporciona beneficios para la salud humana.

Estos beneficios incluyen actividad anticarcinogénica y propiedades antidiabetogénicas, antiadipogénicas y antiteratogénicas (Pariza y Hargreaves, 1985; Banni y Martin, 1998, Belury, 2002).

La nueva tendencia de los consumidores a preferir alimentos que puedan tener efectos benéficos sobre la salud, le ha dado un nuevo impulso al consumo de la Leche y sus derivados. La presencia de sustancias nutracéuticas en mayores Concentraciones como el ALC, será un elemento importante en la decisión de compra por el consumidor. La Universidad de Cornell (USA) está liderando un grupo para orientar a los ganaderos sobre como alimentar sus vacas, y así obtener mayores niveles de ALC en la leche, y Chile también ha seguido este ejemplo.

Se ha demostrado que la concentración de ALC en la leche es mayor en animales en pastoreo, (Dhiman y col.1999; White y col. 2001a; Ward y col., 2003; Loor y col., 2003) lo cual podría dar una ventaja comparativa a Colombia, donde los sistemas de producción están basados en pastoreo. Hemos encontrado concentraciones altas de Ácido Linolénico en el pasto kikuyo, precursor de ALC en la leche y, datos preliminares confirman que las leches del Trópico Alto pueden tener concentraciones altas de este compuesto, pero que varían de manera considerable dependiendo de los regímenes de alimentación (Carulla J., datos sin publicar).

Por lo anteriormente expuesto es completamente valido y recomendable  sugerir en la alimentación de los animales  las grasas de buen origen y que no sean perjudiciales para la salud humana.  Una de esas grasas son  las grasas Saponificadas  que en el organismo animal  se convierten en alimentos precursores de  salud. Hasta acá  la importancia  en la salud humana.  En adelante nos referiremos a una de esas grasas que es el GANAGRAS y su uso en alimentación animal.

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