La principal función es participar en la síntesis de las hormonas de las tiroides, y a través de ellas, se controla la tasa de oxidación de las células.

La función principal del yodo es participar en la síntesis de las hormonas de la tiroides, que son la 1tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3). Estas hormonas tienen un papel activo en la termorregulación, metabolismo intermedio, reproducción, el crecimiento y desarrollo, la circulación y la función muscular. Por intermedio de estas hormonas, el yodo controla la tasa de oxidación en todas las células. En los rumiantes, el yodo es absorbido principalmente en el rumen. Los signos de deficiencia de yodo en el ganado son el bocio, caída de pelo en animales jóvenes y retardo de crecimiento corporal y de la lana.

El yodo es el único mineral cuya deficiencia produce una anormalidad clínica, aumentando el tamaño de la glándula tiroides en el cuello, enfermedad que se llama bocio y se produce tanto en humanos como en animales, que puede corregirse  suministrando sales de yodo a los enfermos. La falta de yodo durante la gestación produce trastornos irreversibles en la corteza cerebral, enfermedad conocida como cretinismo, que ha sido erradicada de la Argentina; pero que se puede 
dar en el ganado. A las enfermedades producidas por la falta del elemento se las denomina actualmente como Trastornos por deficiencia de yodo (TDl). 

Los factores que producen TDl en los animales y que responden a la suplementación con yodo son:
1- Una deficiencia del elemento en las pasturas y aguadas.
2- La presencia de “bociógenos” en la dieta, que interfieren en la síntesis de las hormonas y limitan la capacidad de la glándula tanto como para “atrapar” yodo o incorporarlo en sustancias activas para las tiroides.
3- La falta de otros elementos como el selenio, el hierro y el zinc que afectan el metabolismo del yodo.
4- Factores ambientales, como el exceso de frío que aumenta el metabolismo basal.

El suministro de sal yodada o inyecciones yodo-fosforadas corrige la deficiencia del microelemento. “En la Argentina rige la Ley Nacional Nº 17.259/67 de Profilaxis del Bocio Endémico con Sal Yodada, por la cual es obligatoria la yodación de toda la sal de consumo humano y animal.
Sin embargo, no todas las empresas salineras cumplieron con la obligación de yodar la sal adecuadamente, lo que fue comprobado por la Liga de Acción del Consumidor (Adelco) en un muestreo de la sal de mesa realizado en el año 2004.
Se analizaron 17 muestras diferentes tomadas en Capital Federal, Salta, Tucumán, Bahía Blanca y Mendoza y encontraron que a cinco de las muestras (29,4%), les faltaba la concentración de yodo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Código Alimentario Nacional que son 33 ppm de yodo en la sal de consumo. En el país, el 90 por ciento de la sal de mesa que se consume está yodada (Resumen de un artículo publicado en Clarín el 06/10/2004)”. Sin embargo
este tipo de estudios no se ha hecho para la sal utilizada en la alimentación del ganado, ni tampoco en los suplementos minerales, que se comercializan en bolsas de 20 a 50 kg, por lo que no se puede asegurar si las mismas contienen el yodo necesario para los animales.
El contenido de sustancias bociogénicas en la dieta del rumiante es probablemente más importante para determinar el estado de yodación del animal, que la concentración de yodo en sí del alimento, lo que ocurre con más frecuencia de la que se piensa. En los forrajes existen dos clases principales de bociógenos: los del tipo Tiocianato, como los encontrados en el Trifolium repens, Panicum coloratumy Paspalum dilatatum, que transforman el ácido cianhídrico en tiocianato y este actúa
inhibiendo la captación del yodo por la tiroides, este proceso se revierte aumentando la suplementación con yodo y los del tipo Glucosinolatos, que se encuentran en algunas brassicas, colza, mandioca y nabos y que actúan inhibiendo la yodación de los residuos de tiroxina y son más complicados de revertir.

Las harinas de soja y algodón también contienen bociógenos. Otros alimentos destinados a los animales, como el maíz, sorgo, avena, cebada, mijo y arroz tienen una baja concentración de yodo, menos de 0.03 ppm en la materia seca. Los efectos depresores de estas sustancias pueden ser corregidos aumentando las cantidades de yodo de la dieta en 2 a 4 veces los requerimientos. 

Algunas variedades de Lecucaena leucocephala generan en el rumen un sustancia, 3,4 Dihidroxipiridina (DHP), a partir de la mimosina, que generan bocio y que no se puede revertir mediante el tratamiento con yodo.
La hormonas de la tiroides son activadas por tres deiodinasas,que son encimas que contienen selenio, lo que explicaría el mal funcionamiento de la glándula en los animales con deficiencia de Se y podrían afectar la respuesta termogenética y sobrevivencia de los terneros y corderos recién nacidos, en los días fríos y lluviosos. Con respecto a la deficiencia de zinc puede decirse que exacerba el efecto de la ingestión baja de yodo en el ganado.

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