Para determinar el contenido proteico de un pienso, lo primero que suele hacerse es determinar, mediante análisis químico, el porcentaje de nitrógeno que contiene. Esta estimación se multiplica seguidamente por 6,25, ya que el promedio del contenido de proteína de un pienso es 16% (6,25 x 16 = 100). El valor que resulta se llama proteína bruta para distinguirlo de la proteína pura, ya que parte del nitrógeno analizado no se deriva de la proteína. En la mayoría de las gramíneas y otros forrajes verdes únicamente una parte del nitrógeno procede de las proteínas, mientras que el resto consiste en sales inorgánicas de nitrógeno, nitrógeno amino, amidas, etc. Esto, sin embargo, no tiene importancia para un rumiante, ya que puede utilizar tanto el nitrógeno inorgánico como el nitrógeno proteico, mediante la actividad microbiana del rumen, donde las bacterias medran en el nitrógeno no proteico y lo incorporan en sus propias proteínas. La proteína que hay en los cuerpos de los microorganismos se digiere seguidamente en el tubo intestinal del rumiante y se absorbe. Por ello, en lugar de dejar que el rumiante coma proteína pura, que es costosa, es posible aprovechar fuentes más baratas de nitrógeno, que pueden ser de igual eficacia.

Las fuentes más importantes de nitrógeno empleadas en la nutrición de rumiantes son: amoníaco, urea, biuret, fosfato diamónico y polifosfato amónico.

Amoníaco, NH3. Es un gas que, en general, se disuelve en el agua. Es la fuente más barata de nitrógeno que puede utilizarse en la alimentación del ganado, pero, como es tóxico y difícil de manejar, se usa principalmente para aumentar el contenido de nitrógeno de los alimentos pobres en proteína mediante la amonización en escala industrial. Los piensos pobres en proteína, por ejemplo la cascabilla de arroz, o la pulpa de remolacha, se dejan reaccionar con el amoníaco, en general, a presión y temperatura elevadas. El amoníaco se fija químicamente y no se libera hasta que el pienso fermenta en el rumen.

Urea o carbamido, CO(NH2)2. Es la fuente más barata de nitrógeno sólido. Es un polvo blanco, cristalino y soluble en agua, que se utiliza como fertilizante. La urea contiene 46% de nitrógeno y, por consiguiente, 1 kg de urea equivale a 2,88 kg de proteína bruta (6,25 x 0,46). En la mayoría de las raciones, esto equivale a un contenido de proteína bruta digestible de 200%. La urea fertilizante es higroscópica y se cuaja con mucha facilidad, lo que hace difícil mezclarla en los piensos sólidos. Al objeto de mejorar las características de fluidez, la urea se trata convirtiéndola en urea de calidad para pienso (42% de nitrógeno), en la cual cada grano de urea se cubre de caolina o de alguna otra sustancia no higroscópica. La urea fertilizante, que es más barata, puede, sin embargo, utilizarse cuando se mezcla con piensos sólidos, si se añade en forma de suspensión o de solución en melaza. En concentraciones superiores al 10%, la urea interrumpirá el crecimiento bacteriano y la fermentación, pero tiene un sabor muy amargo y, si se emplea en dosis muy elevadas, limitará la ingesta. Entre los nitrógenos no proteicos, la urea es el que se utiliza más ampliamente. Las semilas de algunas leguminosas, especialmente la soja, contienen una enzima, la ureasa, que descompone la urea y hace inapetecible el pienso. La ureasa queda en gran parte destruida por tratamiento térmico, en el cual los granos y las harinas oleaginosas pueden mezclarse con urea. Un ensayo sencillo para asegurarse de que ninguno de los ingredientes que se mezclarán con la urea contengan ureasa consiste en humedecer una mezcla de urea y los ingredientes sospechosos, y dejarlos reposar bajo cubierta durante una hora. Si se produce olor a amoníaco, el ingrediente contiene ureasa y no debe mezclarse con la urea.

Biuret, NH2-CO-NH-CO-NH2. Se produce a partir de la urea por calentamiento, y contiene un 41% de nitrógeno (256% de PB). Es apenas soluble en agua y no es tóxico, ya que el amoníaco se libera lentamente en el rumen. Por consiguiente, tiene ventajas concretas en comparación con la urea para utilizarlo en los piensos secos. Sin embargo, es más caro, y hace falta un período de adaptación de 1 semana, antes de que se obtenga una respuesta a la alimentación con biuret. Esta adaptación se pierde rápidamente cuando no se suministra el  biuret.

Fosfato diamónico, (NH4)2HPO4. Se trata de un polvo cristalino de color blanco soluble en agua. Contiene 21,4% de nitrógeno (134% de PB) y 23,7% de fósforo.
Polifosfato amónico. El polifosfato amónico es una fuente corriente de fósforo y de nitrógeno no proteico en los suplementos líquidos. El único polifosfato amónico que se utiliza es el que se produce siguiendo un tratamiento térmico, por el cual se obtiene una solución clara de polifosfato amónico de gran pureza. Se emplea en forma líquida, ya que tiene la ventaja sobre el ácido fosfórico, también corriente en los piensos líquidos como fuente de fósforo, de que no es corrosivo. La calidad 11-37-0 contiene 11% de nitrógeno (equivalente a 68,8% de PB) y 16,1% de fósforo.

Toxicidad

Cuando el nivel del amoníaco en el rumen es elevado, las cantidades que penetran en la circulación sanguínea pueden alcanzar niveles tóxicos envenenando al animal. El amoníaco se libera más rápidamente a partir de una fuente de nitrógeno no proteico de buena solubilidad (urea o fosfato diamónico), que a partir de una fuente de nitrógeno no proteico de escasa solubilidad (biuret). El nivel del amoníaco en el rumen será también bajo si la microflora es activa y capaz de aprovechar el amoníaco a gran velocidad. Esto se logra suministrando un carbohidrato de fácil fermentación como la melaza, o un alimento amiláceo. En consecuencia el biuret es más seguro para utilizarlo cuando el animal no tiene acceso a este tipo de alimentos y se limita exclusivamente al forraje .
La toxicidad se produce con frecuencia cuando los animales comen cuajos de urea en el pienso, o beben soluciones de urea acuosa, o líquidos de urea-melaza diluidos con el agua de lluvia. El aumento repentino de la concentración de amoníaco en el rumen puede tener consecuencias fatales para el animal. Se aconseja distribuir la ingesta de urea en varias comidas al día, lo que mejorará su asimilación. Los bovinos no deben empezar bruscamente a comer urea, especialmente si se han alimentado con piensos pobres, ya que el rumen necesita algún tiempo para adaptarse al nuevo pienso. El nivel de urea puede aumentarse poco a poco, ya que la tolerancia de los bovinos va en aumento. Lo que se recomienda es un cambio gradual durante una semana. Esta adaptación de los bovinos a la urea se pierde cuando los animales no consumen urea durante 2 ó 3 días.
Unicamente los animales con un rumen funcional pueden utilizar la urea; por consiguiente, no se debe dar a los terneros jóvenes y a los animales monogástricos. La urea, al contrario de lo que ocurre con la proteína, no contiene calorías, fósforo, ni azufre y, por consiguiente, un pienso mixto que contenga urea debe suplementarse para contrarrestar estas deficiencias. En general, se han obtenido malos resultados cuando se ha suministrado la urea en raciones en que las grasas aportaban una parte esencial de las calorías.

[author] [author_image timthumb=’on’]http://salesganasal.com/img/autor_ganasal_yesid_montes.png[/author_image] [author_info]Dr. YESID MONTES OSPINA – Médico Veterinario y Zootecnista (Universidad de Caldas). Es el Co-director del Departamento Técnico INDAGRO S.A. con amplios conocimientos en Suplementación Mineral. [/author_info] [/author]Ganasal.com

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