Cada vez más a menudo se escucha en los escenarios ganaderos o se lee en los medios de comunicación escritos la frase que se ha vuelto popular entre nosotros y que da título a este artículo: “Para ser ganadero hay que ser agricultor”.

Pero, es casi imposible evitar que cada vez que se escucha o se lee esta frase venga un autocuestionamiento, y/o que se cuestione también a quien la cita, cuestiones estas que tienen su origen realmente en la pregunta siguiente: ¿realmente sabemos los ganaderos que significa esa frase de ser agricultores antes que ganaderos?

Como autor del artículo, a mi manera de ver, y siendo un hombre inquieto por la agricultura y la ganadería desde siempre y con dedicación profunda a ellas hace más de 2 décadas, que he ejercido la docencia de tiempo completo a pesar de no tener ningún contrato de permanencia exclusiva con universidades, uno que intenta no tragar entero, y que no cuestiona por cuestionar y hacer conflicto, sino para obtener una verdadera enseñanza y provecho de cada cosa, de modo que aprendan mucho más los que de mí aprenden, que lo que pueda aprender yo mismo (aunque paradójicamente mientras más enseño más aprendo), analizo la frase “para ser ganadero hay que ser agricultor”, y trato de ir a lo más profundo de su esencia, y lamento muchísimo no conocer a quien la haya dicho por primera vez para poder tener así un acercamiento máximo a la verdadera intención con que fue dicha la frase.

Sin embargo, mientras más la estudio más reconfirmo que creo tener razón cuando no me centro en la frase en sí misma, sino que la analizo en su contexto (o los contextos), aquel o aquellos contextos en que la frase es citada por alguien, y me doy cuenta que siempre que la citan es para promover las prácticas de agricultura en la que el agricultor o ganadero se hacen dependientes de los insumos, la maquinaria y la mano de obra.

Resulta entonces imposible no apelar a las enseñanzas de los muy reconocidos y bien ponderados doctores de la agronomía mundial A.M. Voisin (Francia, 1903 – Cuba, 1964) y L.C. Pinheiro (Brasil, aún vivo y vigente en la docencia de posgrados en agorecosistemas en su país Brasil y también en Argentina, además de ser un populoso conferencista internacional en manejo agroecológico de pasturas y ganados). Aunque quisiera salirme de su contexto, no lo logro, porque ellos nos han enseñado a los ganaderos a pensar más que a actuar como autómatas, casi como “caballos cocheros” que con ojos cegados no caminan por donde se debe sino por donde les dicen que vayan. Voisin y Pinheiro fueron verdaderos agricultores y ganaderos antes que profesionales, practicaron el manejo agroecológico en sus propias tierras por más de 40 años, y  también se desempeñaron como docentes, verdaderos profesores (enseñando todo sin reservas ni egoísmos y de manera imparcial), al igual que intento serlo yo también, pero lamento mucho que existan algunos docentes que enseñan lo que no saben pero creen saber, que inducen a sus alumnos (verdaderos alumnos “a” = sin; y lumnos = luz; a-lumnos = sin luz propia), a que no piensen ni elaboren un criterio propio a partir de lo que aprenden, sino que les inducen a que sin masticar y digerir lo que están aprendiendo crean que eso que están aprendiendo es verdad absoluta.

Pero, ya quisiéramos los docentes enseñar verdades absolutas, más la cruda realidad, y más para los que estamos en biología, es que todo lo que enseñamos hoy es verdad porque viene de la evolución de nuestro pensamiento y de nuestras experiencias, pero no sabemos si seguirá siendo igualmente cierto unos años más tarde, cuando la ciencia, que está en continuo crecimiento y desarrollo, descubra que esa verdad de hoy ha debido complementarse con otras verdades, para producir AVANCES. Luego, resumo que lo que hoy es tan cierto, mañana tal vez no lo sea, y deba ser replanteado porque se sumaron a nuestras verdades otras que las complementan.

Así pues, en la academia de las ciencias agrarias contemporánea nos enseñaron a que todo suelo en el cuál tuviésemos el propósito de cultivar (hortalizas, frutas, legumbres, pastos, lo que sea), lo primero que teníamos que hacer era obtener un ANÁLISIS DE SUELO, en el cual podamos leer a manera de radiografía el estatus (estado) del suelo en materia de “fertilidad”, lo que en palabras de un Ingeniero Agrónomo significaría EXCESOS O DEFICIENCIAS de los minerales presentes en el suelo, y a su vez, el DESEQUILIBRIO en las interacciones entre minerales. Entonces extraemos muestras de suelo de un terreno, las unificamos si es posible, y las enviamos a un laboratorio especializado en suelos, el cual mediante métodos rigurosos de laboratorio somete esa muestra a procesos químicos para obtener unos resultados legibles en unidades de medidas (porcentajes (%), partes por millón (ppm), miliequivalentes (meq), etc.), las cuales sabe interpretar solamente un profesional, y en especial, los agrónomos, pues para eso han estudiado con especialidad. Claro que esto suena como a cuando en la retrograda época inquisitoria La Biblia solo podía ser leída por sacerdotes católicos porque el osado que la leyera se podía volver loco o ir a juicio. Advirtamos también que aún hoy día los agrónomos no llegan a un consenso de cómo se toma correctamente una muestra, ni cómo trasladarla a un laboratorio sin que se altere.

Pero quiero advertir también, que sea cual sea el resultado de CUALQUIER análisis de suelos SIEMPRE habrá excesos y/o deficiencias minerales en los resultados de laboratorio de las muestras obtenidas y analizadas, como también, desequilibrios en las interacciones, ya que los suelos no son un material ESTÁTICO, todo lo contrario, son profundamente y permanentemente DINÁMICOS, y eso hace que NUNCA los suelos estén en el mismo estado de fertilidad.

El problema que yo veo allí, es que los profesionales fuimos instruidos por esos docentes que “castraron nuestra mente” conduciéndonos a pensar que los suelos son ESTÁTICOS y además INHERTE, es decir, carente de vida propia, y que eso es una verdad absoluta e irrefutable, y que en consecuencia, el suelo no puede hacer nada por sí mismo, sino que depende de la intervención de los seres humanos para poder mantener en todo momento un óptimo nivel de fertilidad que permita cultivarlos productivamente.

El peor problema es que salimos de la universidad con la consciencia cauterizada, a repetir y repartir a diestra y siniestra unos protocolos de los cuales no podemos apartarnos porque entonces fracasaremos en el intento. Y lo peor es que los argumentos de que se valen para estas enseñanzas se sustentan en que esos protocolos agronómicos diseñados en la etapa posterior a la revolución verde de mediados del siglo pasado que tienen inicio en el análisis de suelos, por supuesto, están supremamente bien estructurados y fundamentados en LA CIENCIA, que procede de la INVESTIGACIÓN. Y esa ciencia, y esa investigación, nos enseñan que debe ser entendida y aceptada como irrefutable, ya que los resultados de la aplicación de los conocimientos obtenidos por medio de ellas son contundentes. Es decir, romper el suelo para desintegrarlo y “oxigenarlo”, luego aplicar enmiendas, sembrar semillas foráneas “mejoradas”, y finalmente aplicar abonos y/o fertilizantes y riego o esperar a que llueva, sin duda producen sendos volúmenes de pasto de color verde intenso. Luego vienen los herbicidas para evitar que crezcan plantas como gramas nativas y las mal llamadas “malezas” que son otras forrajeras nativas también, y así convertimos los terrenos deforestados en “mesas de billar” a las que yo prefiero llamar “desiertos de pasto mejorado”.

Me refiero a que muchos años, casi un siglo, de ciencia e investigación en la agronomía basados en los principios fundados por el reconocidísimo Dr. Justus von Liebig (famoso por su teoría del barril de Liebig o teoría del “factor limitante” o la “ley del mínimo”), y además, por ser quien inventó el FERTILIZANTE A BASE DE NITRÓGENO, fundamentan las prácticas de la fertilización química, y sus resultados tal como lo enseñan los doctores de las universidades, y según ellos, las evidencias de la práctica, son irrefutables, pues basta con aplicar un bulto de fertilizante a un suelo para ver el incremento inmediato en la biomasa o al menos su estímulo en crecimiento, desarrollo y hasta en el aspecto de la pastura de un color verde intenso que nosotros, los productores, parecemos asimilar con calidad nutricional y productividad. Además, porque la leche que produce el ganado que come donde un suelo fue fertilizado es más abundante o de mejor calidad (¿mito o realidad?), y eso es lo que empíricamente valora el ganadero.  Increíblemente, el ganadero a quien siempre lo evalúa todo por lo que cuesta, en este caso pareciera que hacer cuentas de lo que invierte en arados, fertilización y/o herbicidas no le importa.

Luego, si es por resultados, y por apoyo de la ciencia e investigación, nada que hacer, ¡fertilicemos todos!.

El problema coyuntural del presente y hacia el futuro, es que los fertilizantes químicos, especialmente los nitrogenados, cada año tienen un incremento en su costo muy superior al 50%, misma cosa sucede con los herbicidas, y en general con todos los insumos de naturaleza química que usamos en la agricultura y la ganadería, sin embargo no sucede igual con el dinero que recibimos por pago de la leche o de la carne que producimos y esa situación nos está conduciendo a la quiebra, muchísimo más a los pequeños y medianos productores que paradójicamente representamos más del 80% de los ganaderos en Colombia. Pero aún, que lo que el gobierno hace es absurdo, pues la forma de resolver el problema es otorgando créditos a los productores pero a la vez la política económica nacional encarece las tasas de interés al crédito para evitar que las personas usen menos el crédito ya que en la actualidad el uso del crédito parece estar disparado.

Esto sería semejante a que cada año haya un incremento de la inflación (hablando de economía del hogar), pero el salario incremente por debajo del incremento de la inflación. En otras palabras, si sube más la inflación que el salario, todos los días habrá más familias en quiebra, y por ende, más pobres e indigentes.

Si sube más el costo de los fertilizantes de lo que sube el precio de la leche y/o del ganado en pie o en canal al productor, y el productor se ha vuelto dependiente de los fertilizantes y de los herbicidas, entonces va camino seguro a la quiebra. Cabe acotar que exactamente lo mismo ocurre con cualquiera de los insumos de naturaleza química producidos en laboratorio artificialmente, y también, con los cereales que se usan para elaborar suplementos balanceados para nutrición animal (se exceptúan las sales minerales ya que estas no se producen en laboratorio ni a base de químicos) usados con frecuencia en las ganaderías, especialmente, las de producción de leche. Es igual, los precios de esos insumos para la agricultura convencional suben imparablemente, y en cambio, los de la carne y la leche tienden a quedarse estancados o incluso a disminuir.

El problema grave de todo esto radica en que, nos convertimos en autodependientes de los fertilizantes (agroquímicos) o de los herbicidas y/o plaguicidas (agrotóxicos), porque nuestras prácticas agronómicas convencionales conllevan a que cualquier suelo donde se les utilice, se quedan SIN VIDA NATURAL (fauna y flora nativa y/o microbiana, totalmente natural, conocida en términos generales como microbiocenosis del suelo), y como no hay vida natural, entonces no hay organismos que produzcan fertilidad natural al suelo (porque esa flora y fauna microbiana nativa de cada suelo es la encargada de darle fertilidad natural al suelo mediante procesos de mineralización de la materia orgánica), y eso en consecuencia nos hace depender de los fertilizantes artificiales, que por su origen químico de laboratorio son totalmente ajenos a la naturaleza del terreno donde se aplican, y con cada nueva aplicación matamos la vida del suelo. En otras palabras, mientras más fertilizantes y productos químicos artificiales usamos para el suelo y los cultivos, más pobre de vida es el suelo, y mientras menos vida, menos fertilidad natural, y mientras menos fertilidad natural mayor necesidad de crear una fertilidad inducida por químicos artificiales. Extrañamente el Dr. Liebig en el mismo momento de patentar la invención del fertilizante nitrogenado advirtió que ese efecto negativo sobre la vida natural del suelo podría suceder, pero es como lo sucedido con las armas de fuego que hoy día se les usa para matar gente cuando quien las inventó estaba pensando en usarlas para otra cosa muy diferente y supuestamente inofensiva para la humanidad.

En otras palabras, los agricultores/ganaderos convertimos un suelo dinámico en un suelo estático. Así fue como lo determinaron los Drs. Voisin y Pinheiro en sus estudios (en especial Voisin que no era un profesional en ciencias agrarias, sino un fisicoquímico puro de profesión, y quien contaba con todo el peso y argumento profesional para estudiar la química y física de los suelos y de las pasturas), y por eso le llamaron a estas prácticas la “ruta de la dependencia”.

¿Dónde comienza toda esta decadencia de los suelos en uso de cultivos forrajeros para alimentar ganado? ¿Dónde está el origen de la denominada “ruta de la dependencia”? Por supuesto, el comienzo está en el ANÁLISIS DE SUELOS… El problema grave es que ya los ganaderos están tan convencidos, que cada vez que un colega les pregunta algo sobre suelos y pastos la respuesta inmediatamente es “comienza por hacerle a tu suelo un análisis”. Y advierto, claro, que no está mal hacer un análisis al suelo, sino el uso que le damos a los resultados de dicho análisis, ya que después del análisis casi inevitablemente somos conducidos a la fertilización química de suelos. De hecho, existe un protocolo que siguen los profesionales de las ciencias agrarias, y del cual, tienen ellos y los ganaderos un tremendo miedo de salirse, el cual es así:

 1. Obtenga una muestra de suelos y haga un análisis de suelo en laboratorios calificados para ello;

 2. Determine excesos, deficiencias, y desequilibrios, a partir de los resultados obtenidos y conforme lo que está establecido en las tablas de calificación agronómica de suelos.

3. Compare lo que el cultivo a establecer demanda del suelo en nutrientes, con lo que el suelo aporta en esos nutrientes, y con base en la diferencia, elabore una fórmula nutricional (fertilizante) que corrija los excesos, las deficiencias, y los desequilibrios encontrados;

4. Hay que preparar el suelo, porque un suelo compactado no asimila bien la fertilización artificial, entonces hay que roturar el suelo, agrediéndolo con arados, que a Dios gracias ya no son más de vertedera, sino de cincel o de disco recto (rastra o rastrillo con o sin traba), o en su defecto, un rotavitor, pero que son igualmente nocivos para la vida del suelo (no es menester de este artículo y además se haría muy extensa la explicación, pero el lector puede consultar para complementar y corroborar esta advertencia sobre el Ciclo del Gas Etileno en los suelos para cultivos agrícolas, incluyendo a pastos y forrajes como cultivo agrícola), en todo caso, rompemos el suelo y lo desmenuzamos, porque solo así el agua puede correr con facilidad y transportar los nutrientes que vamos a colocar a través de las enmiendas (rocas minerales pulverizadas, como cal, yeso, o roca fosfórica, entre otros) y de los fertilizantes químicos;

5. Aplique las enmiendas correctivas recomendadas sobre el terreno preparado;

6. Siembre semillas de los nuevos pastos que por supuesto no son nativos, porque tenemos el pensamiento que nada de lo nativo es nutritivo ni bueno para el pastizal, entonces introducimos pastos foráneos “mejorados”;

7. Colocamos riego (si se puede), o esperamos a que llueva porque sin agua de riego o lluvia es imposible sembrar pastos;

8. Cuando emerjan las plantitas de la semilla sembrada, apliquemos los fertilizantes formulados para estimular su crecimiento y desarrollo más acelerado y abundante;

9. Cuando la pastura se esté desarrollando visiblemente, controlemos las plantas indeseadas, o “malezas”, que compiten con la pastura sembrada, y para ello, apliquemos herbicida

Este es un protocolo que “bien ejecutado NO FALLA”. Pero, y ¿cómo es posible que falle? si lo que estamos haciendo es crear condiciones controladas para que el cultivo se establezca, se desarrolle y se haga productivo. Cualquiera puede hacer pastos de esta manera. Es muy fácil cuando todo es artificial, pero producir así es como querer mantener una mentira de por vida. El grave problema es que el que hace pastos de esta manera MATÓ, FULMINÓ, ERRADICÓ toda la “vida natural” del suelo. Y sin vida natural en el suelo no puede haber fertilidad natural, porque el suelo deja de ser dinámico y se vuelve estático, y en consecuencia, depende de lo que hagamos por él.

Si no aplicamos fertilización después de cada cosecha, ese cultivo va a degradarse rápidamente y antes de cinco años tendremos que repetir todo el procedimiento de nuevo porque para entonces lo que sembré ya no existe o está tan degradado que no me da buenos resultados.

Estos estudios o investigaciones ¿quién los hace? si a la industria no le convienen. Nadie se atreve. Y en cuanto a la academia, ella se siente conforme con la “evolución de la ciencia”, así que las investigaciones en las universidades casi todas van en el mismo sentido, dando por hecho que en lo artificial está el futuro. Pocas investigaciones, y promotores, tiene entonces la agricultura 100% natural y orgánica.

Y volviendo a lo que se comentó al principio, ¿quién podrá librarse de estas prácticas si piensa que para comenzar necesita un análisis de suelo?

Siendo honesto, enfatizo que todo análisis de suelo va a reportar siempre niveles de fertilidad con deficiencias o excesos y por supuesto desequilibrados, y en consecuencia, siempre habría que corregir deficiencias, excesos y desequilibrios, por lo que resumo todo lo dicho en estas palabras “el que hace un análisis de suelos a sus terrenos para pastos, automáticamente sentirá la necesidad de aplicar correctivos (arados, enmiendas y fertilización), y el que necesite aplicar correctivos, debe arar, y después de romper el suelo y aplicar correctivos, dependerá de ellos por el resto de su vida”, a menos, claro, que abandone esa ruta radicalmente y tome la RUTA DE LA INDEPENDENCIA, o mejor conocida como el CIRCULO VIRTUOSO DEL MANEJO AGROECOLÓGICO DE SUELOS, PLANTAS Y ANIMALES.

Como podemos ver, los suelos para hacerse fértiles no dependen de lo que nosotros los humanos podamos hacer por ellos, sino que ellos pueden ser satisfactoriamente fértiles de forma 100% natural mediante un equilibrio perfecto con la naturaleza del que hacen parte. Lo único que ellos necesitan que hagamos es, fomentar ese equilibrio con la naturaleza, en vez de intervenirlo y desequilibrarlo a nuestro acomodo.

Como lo ilustra la gráfica anterior, los suelos se hacen más fértiles en la medida que tienen más vida microorgánica, y la vida microorgánica solo depende de condiciones ambientales, tales como: humedad, temperatura y un sustrato o alimento. Todo eso lo encuentran en las heces de los animales principalmente, y también en los seres vivos en proceso de descomposición, por ejemplo, hojas de los árboles que caen al suelo, ramas de los mismos árboles, pastizales en degradación (plantas no consumidas por el ganado que mueren naturalmente), frutos que caen de los árboles, animales que mueren y se descomponen sobre el suelo, microflora y microfauna del suelo que muere, etc.

Y ¿cómo se promueve ese equilibrio natural en el suelo con la naturaleza del que hacen parte?

Mientras más ganado haya sobre un terreno de pasturas, más heces o excremento habrá sobre él, y mientras más excremento haya, mayor materia orgánica (producida por la microfauna o animalitos macro y micro que habitan en el suelo), y a mayor materia orgánica (humus) mayor nivel de fertilidad NATURAL, y a mayor nivel de fertilidad natural habrá mayor cantidad de pastos, y a medida que haya más pastos habrá mayor alimento para el ganado lo que permitirá tener más animales que van a producir más excremento y esto se RETROALIMENTA, y toda esa ruta o cadena es 100% INDEPENDIENTE del ser humano, de los arados, de los fertilizantes, de las enmiendas, de los herbicidas, etc.

Entonces, si no necesito aplicar nada al suelo para que sea fértil, y en consecuencia productivo, y siendo productivo disponga de suficiente alimento para mi ganado, y entendiendo que el ganado nutre al suelo mediante sus heces y orina, y de la vida del suelo que hace de estos la materia orgánica y/o humus que va a depositarse en el suelo para nutrir mejor las plantas, ¿para qué necesito hacer un análisis de suelo? Y mejor que eso es ¿si no necesito insumos artificiales para que gastar dinero inoficiosamente? He ahí entonces una oportunidad perfectamente viable de abaratar nuestros costos de producción, pues si el precio que nos pagan por la leche o la carne se quedan estancados o bajan, la única oportunidad que tenemos de poder tener ganancias y no ir a la quiebra en nuestras empresas ganaderas está en hacer que cueste menos producir esa carne o esa leche.

Esta es pues la agricultura y la ganadería que estamos convocados a practicar en el presente y con proyección a futuro, una ganadería 100% natural, en donde el manejo y la inteligencia humana son la materia prima. Luego aquí es donde verdaderamente acuña la frase de que “para ser ganaderos hay que ser primero agricultores” porque creemos entonces entender que agricultura debería definirse como todas aquellas prácticas de manejo que nos permiten obtener provecho de los recursos naturales sin degradarlos, desgastarlos y agotarlos hasta su exterminio, sino al contrario, que nos permitan garantizar que perduren para las generaciones futuras infinitamente. Si esto no es a lo que debemos llamar sostenibilidad y sustentabilidad, no sabría entonces como definir estos términos.

El análisis de suelo nos debe servir entonces para monitorear los cambios en los niveles de fertilidad, y constatar que el círculo virtuoso está ocurriendo, y también para determinar a qué tasa y velocidad se están dando los cambios de fertilidad natural mediante las prácticas de manejo que estamos teniendo con los animales y el cultivo, que de manera perfectamente normal y natural, nunca serán los mismos de un día para el siguiente, y mucho menos de un mes al siguiente ni de un año al siguiente. En otras palabras, la reflexión que deben hacer los ganaderos sobre este asunto es: ¿qué utilidad tiene realmente un análisis de suelos cuando no voy a aplicar ninguna enmienda, ni ningún fertilizante, ni ningún insumo al suelo?

Creo haber diagnosticado entonces, que el productor ganadero a quien le han convencido que debe comenzar por hacer un análisis de suelo a los terrenos de su finca para determinar cuál ha de ser el plan de “establecimiento de pasturas” que debe seguir, sencillamente CREE A CIEGAS en el profesional que lo asesora porque no tiene el conocimiento suficiente para refutarlo. Luego, entonces solo cree, y cree que le están diciendo la verdad “absoluta”, y si además el profesional se basa en “artículos científicos” y en “resultados” logrados en otras explotaciones, tiene material suficiente para convencerlo que si está en lo cierto y que puede confiar. Y hay que decir, que si se sabe que todo eso es cierto, verídico, real, y que es absolutamente viable técnicamente, pero la pregunta que se debe hacer el productor no es esa sino ¿es realmente conveniente, no solo en el corto, sino también en el mediano y largo plazo para la sostenibilidad y la sustentabilidad de su empresa ganadera, ecológica y económicamente?

No estamos diciendo entonces que los agrónomos sean mentiroso y engañadores, porque nosotros mismos estuvimos de ese lado tiempo atrás, y también fuimos, antes de abrir nuestros ojos, promotores de las prácticas convencionales de la agricultura porque así nos lo enseñaron en la universidad y a nosotros también nos convencieron que así debía hacerse, solo que un día cualquiera el fruto de nuestro ejercicio profesional y de nuestro estudio diario de las observaciones de campo, vimos cosas que nunca nos Habían enseñado en la universidad, porque la práctica y la observación, así como un riguroso estudio analítico de las vivencias diarias nos hicieron ver la naturaleza de la vida en NEGATIVO, no negativamente, sino CON RAYOS X, es decir, a ver más allá de lo que nuestros ojos ven, a estudiarla en su ESENCIA, en su origen, y qué sorpresas nos llevamos cuando uno cree que toda la vida ha hecho las cosas lo mejor posible, y resulta que hay todavía cosas mucho mejores que no nos hemos atrevido a hacer, y ni siquiera a conocer. Si esto no es a lo que llaman romper paradigmas, entonces no sabría cómo definirlo tampoco.

Citemos aquí las palabras del profesor André Marcel Voisin, quien solía decir a sus estudiantes: “La ciencia de la vida está aún en su infancia, y cuando hablamos o practicamos lo que sabemos, o mejor y más exactamente, de lo que creemos saber, tengamos los ojos bien abiertos ante los innumerables fenómenos que todavía ignoramos”. Esto nos toca la fibra del saber cuando se lee por primera vez, nos induce a ser más inquietos y estudiosos, porque como se explicó antes, lo que hoy sabemos y creemos inmodificable, mañana podría haber sufrido cambios que nos obligan a modificar nuestras acciones profesionales, pues mientras más creemos saber, más cuenta nos damos de lo lejos que estamos de tener la última palabra. Pero, se requiere mucho valor y mente abierta para aceptarlo, pues no es fácil aceptar que es mucho más lo que todavía no sabemos y tenemos que aprender de la naturaleza en que habitamos y que está bajo nuestra administración, que lo que creemos ya saber. El problema severo aquí es que los productores ganaderos parecieran pensar al contrario, es decir, que ya todo está dicho en ganadería y que no hay nada más que aprender.

Pero, aquí no para todo. Aún debemos referir un ejemplo práctico, sencillo y muy fácil de comprender, para que el lector se pueda hacer una mejor idea sobre lo que significa ser un verdadero AGRICULTOR GANADERO.

Cuando uno habla con AGRICULTORES NO GANADEROS, es decir, campesinos que se dedican a cultivos agrícolas como hortalizas, legumbres, frutales, etc. y se les pregunta por ejemplo ¿cuánto tomate puedo producir en 1 Ha?, la mayoría saben dar sin pensar mucho la respuesta, supongamos que dicen que de 15 a 30 toneladas por Ha dependiendo de la época del año. Y si luego se les pregunta ¿cuánto de ese tomate producido se desperdicia en cosecha, selección, transporte y comercialización?, casi lo tienen muy bien calculado en porcentaje. Y si se les pregunta ¿cuánto dinero les ingresa por la venta del tomate que producen? ellos saben responder de inmediato. Y más aún, si se les pregunta ¿cuánto les cuesta producir cada Ha de cultivo de tomate a todo costo? ellos lo saben.

En resumen, los agricultores conocen muy bien los indicadores productivos y económicos de sus cultivos, no solo los que cultivan tomates, también los que cultivan papa, lechuga, guayaba, papaya, yuca, etc. Lo de los cultivadores de tomates solo fue para citar un ejemplo.

La razón por la que conocen muy bien sus indicadores, es porque son cultivos de ciclo corto, además, alimentos fácilmente perecederos, y que dependen de un mercado de oferta y demanda, de manera que los precios son bastante volátiles, fluctuantes, inciertos, y ellos por supuesto necesitan conocer al detalle el funcionamiento del mercado de sus productos, porque el riesgo de perder una cosecha es bastante alto, y quieren correr el menor riesgo posible por lo que NO CABE LA IMPROVISACIÓN. Por lo tanto, ANTES de sembrar, los agricultores hacen cuentas de cuánto va a costar el cultivo, cuánto les va a ingresar, y cuánto les va a quedar, para saber si se le miden o no para no perder su inversión. En otras palabras, planifican y presupuestan sus gastos, inversiones e ingresos.

Pero, si en cambio, le preguntamos a un ganadero ¿cuánta leche y/o carne vas a producir este año?, el ganadero no lo sabe, el ganadero sabe cuánto produjo el año pasado porque fue lo que vendió, pero no tiene visión de futuro, no planifica, no hace cálculos. En consecuencia solo la pasan improvisando día tras día.

Y si acaso le preguntamos ¿cuánto cuesta una Ha en pastos para cebar o para producir leche, y cuánto va a invertir por cada Ha en uso ganadero al año a “full costo”? el ganadero no tiene ni la más remota idea. De hecho, eso pareciera no importarle, porque si se lo preguntamos una vez, y se lo volvemos a preguntar un tiempo más tarde, y después de otro tanto tiempo, lo preguntamos otra vez al mismo productor, este nunca hizo las cuentas.

El ganadero es IMPROVISADOR por excelencia. Invierte pero lo hace A CIEGAS, pues no sabe si va a ganar o va a perder cada año, cada mes o cada día, y eso le sucede porque no le gusta planificar, no le gusta hacer cuentas. Y lo peor no es esto, lo peor tal vez es que ninguno quiere hacer las cuentas, pero sí espera a que otro las haga para él basarse en ellas, pues una de las preguntas más tradicionales y clásicas de los ganaderos es precisamente cuánto les cuesta producir un kg de carne o un litro de leche o una cría desteta de 200 Kg de peso corporal, y eso está muy mal, primero, porque no puedo esperar de otro lo que no hago por mí mismo, y segundo, porque las cuentas de otras fincas no necesariamente serán las mismas de la mía, de hecho, nunca lo serán, porque cada finca maneja su cartera de una forma totalmente diferente. En consecuencia, las únicas cuentas que me serán útiles para mis propósitos, son las que yo haga propiamente en mi finca.

Un ganadero que no hace cuentas ni lleva registros no tiene ni la más remota idea cuánto pasto produce cada hectárea de su finca, ni cuánto ganado puede sostener en esa Ha, o mejor, no sabe cuánta carne o leche produce en cada Ha a partir de ese pasto. Si no sabe esto, no conoce cuál es el punto de equilibrio de equilibrio de su negocio y a partir de qué medida de producción (litros de leche o kilos de carne por cada Ha destinada a ganadería) logra producir utilidades, por esto es que muchos ganaderos sostienen su ganadería con ingresos que produce en otro negocio ajeno, y esto es producir a pérdida.

Lo triste es que esto lo vivimos a diario. Por ejemplo, tenemos ejercicios en fincas en los que una finca lechera produce X cantidad de litros de leche al día, y al mismo tiempo, consume X cantidad de alimento balanceado (concentrado), pero sabemos que parte de la leche producida proviene del pasto y el resto del concentrado, más nunca hemos podido saber cuánta leche realmente se produce en esa finca a partir del pasto, sencillamente porque el ganadero piensa que si quita el concentrado no va a producir leche.

Luego, entonces el ganadero está pagando kilos de concentrado con litros de leche, más no tiene idea cuánta leche produce con el pasto. Si hiciéramos el ejercicio de reducir la cantidad de concentrado en X cantidad diaria, y midiéramos cuánto reduce la producción de leche al quitar esa cantidad de concentrado, podríamos saber cuánta leche producimos a base de concentrado, y si retiramos solo para ensayar todo el concentrado a una o varias vacas, podríamos saber esas vacas cuánta leche producen a base de pasto. El resultado de un ejercicio como este es que el ganadero pueda saber si es más rentable producir MENOS LECHE pero sin GASTAR en concentrados, o al menos reduciendo el gasto en ellos; o produce MUCHA LECHE pero la produce a base de concentrado, pues si consideramos que 1 kg de concentrado cuesta casi dos litros de leche, entonces podemos estar perdiendo dinero por solo pensar que sin concentrado no se produce leche ni ganancias, y esto en muchos casos es lo que tiene a ganaderos al borde de la quiebra.

Peor es el caso de los que producen carne, porque ellos sí que no tienen idea de cuántos gramos de carne producen por cada kilo de pasto producido. Y peor, están inmersos en un negocio en el que hoy compramos ganado a un precio, y para cuando lo queramos vender no sabemos si el precio va a ser igual, mejor o peor. En otras palabras, son exageradamente confiados, y basan su operatividad en los ingresos, más nunca hacen cálculos de los egresos, y por esto es que terminan literalmente ENTERRANDO su dinero producido en otros negocios en la finca ganadera.

Luego, finalizo esta reflexión, puntualizando que un GANADERO si tiene que ser primero AGRICULTOR, o mejor que eso, un GANADERO debe ser GANADERO Y AGRICULTOR al mismo tiempo, pero eso NO SIGNIFICA, hacer análisis de suelos obligatoriamente, tampoco significa elegir la semilla que esté de moda, ni la que más forraje produzca, ni aquella de la que se hablan maravillas, mucho menos significa comprarse el tractor, la maquinaria y los implementos mecanizados de arados o de cosechas de última tecnología, ni tampoco alquilarlos para gastar menos, ni aplicar enmiendas, ni fertilizantes, ni agrotóxicos considerando que ellos son indispensables para producir mucha leche o mucha carne. Ser agricultor tampoco significa saber mucho de ESTABLECIMIENTO DE PASTURAS NUEVAS. Y definitivamente ser agricultor tampoco significa no invertir ni un solo peso en el manejo de pasturas, pues eso es exactamente el extremo opuesto.

Ser AGRICULTOR Y GANADERO al mismo tiempo, significa aprender a ser inteligente y ESTRATÉGICO en el cultivo, manejo y cosecha del pasto QUE YA POSEE en la finca, no importa si es nativo, hay que sacarle el máximo provecho posible, o de los pastos que ha introducido racionalmente, inteligentemente, para convertirlo eficientemente en carne o leche o crías.

Ser AGRICULTOR Y GANADERO, significa ser inteligente para aprovechar el recurso disponible, invirtiendo inteligentemente, de tal manera que por cada $1 que invierte en sus pastos y en su ganado, obtendrá $1 (recupera lo invertido) + un tanto adicional de $ (ingreso por encima de lo invertido) que sería lo que le de la ganancia o utilidad neta de su negocio.

Ser AGRICULTOR Y GANADERO es saber aprovechar el pasto como alimento del ganado, y aprovecharlo significa cosecharlo SIEMPRE en su mejor momento, cuando ofrezca la mayor cantidad y calidad de alimento, para que el ganado lo convierta en carne, leche o crías.

Por supuesto, ser AGRICULTOR Y GANADERO significa planificar muy bien, significa hacer cálculos, significa sacar cuentas, significa invertir y no gastar, significa invertir inteligentemente, invertir para GANAR y no para improvisar y perder, significa que debemos aprender a conocer cuántos gramos de carne o litros de leche producimos con cada kilo de pasto producido y cosechado en nuestros terrenos, y también, saber cuánta es la utilidad por cada kilo de pasto cosechado, y a su vez, cada gramo o litro de leche producidos con ese pasto. Eso, amigos y colegas, es ser un verdadero AGRICULTOR Y GANADERO, y solo quienes se hacen buenos agricultores pueden llegar a ser los mejores ganaderos…

Concluyamos diciendo lo siguiente: producir pastos de la manera convencional, si es viable, si sirve, si se puede, pero nos atrevemos a sugerir al productor ganadero que piense mejor antes de tomar sus decisiones, si de verdad esa es la ruta que más le conviene, no mirando al presente de corto plazo, sino al futuro de mediano y largo plazo. ¿Seguirá después de esta reflexión el productor ganadero invirtiendo su dinero en insumos para enriquecer a sus proveedores, o preferirá sacarle máximo provecho a los recursos que posee en su finca y enriquecer el patrimonio de su familia y las de sus empleados?

Les invitamos pues a reflexionar basándonos en que esta reflexión no va dirigida a decir que la metodología convencional no funciona, de hecho, si funciona y funciona muy bien en el corto plazo, y tal vez hasta el mediano plazo… nuestra reflexión es más bien a que se cuestione el productor ¿si el suelo ganadero puede ser fértil productivo y rentable sin necesitar de insumos, para que invertir el dinero en esos insumos?, mejor inviértalo en otra cosa que sea realmente representativa para el progreso de su empresa ganadera, inviértalo en aprender a manejar el pasto como cultivo sin depender de insumos.

Piense que la mayoría de ganaderos han invertido incontables millones de pesos o dólares, pero, como no han invertido en aprender a manejarlo correctamente, muchos de esos millones se han ido literalmente a la basura o han quedado enterrados en la finca… Que no le pase a usted!!!

Espero que estas palabras los hagan pensar y replantear un poco… y a que les ayude a hacerse verdaderos EMPRESARIOS GANADEROS… Dios los bendiga e inunde de sabiduría, y hasta pronto!!!

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