Los parámetros nutricionales que más influencia ejercen sobre la producción de leche son la energía, la proteína, las grasas, los minerales y las vitaminas. Sin embargo a nivel del campo no se pueden medir los requerimientos nutricionales de cada vaca dentro del rebaño, los cuales son utilizados primordialmente para asegurar las funciones fisiológicas de mantenimiento corporal, lactación y crecimiento. No obstante, existe una alta asociación entre la condición corporal (estado de gordura) y el futuro comportamiento reproductivo y productivo (Fergunson y Zarate, 2000).

La producción de leche conlleva un gasto energético para la vaca lechera, en especial en su pico de producción, que es la etapa de la lactancia en la que se da una mayor producción de leche. Por esta razón y porque el animal no logra tener un consumo adecuado de MS, es que el mismo entra en un balance energético negativo, que en caso de ser excesivo, afecta la producción de leche, condición corporal, salud y reproducción, entre otras. Durante varios años, se han estudiado distintas maneras de tratar de minimizar estos problemas, concluyéndose que un uso adecuado de las grasas sobrepasantes ayuda a disminuir los trastornos metabólicos anteriormente citados, mejorando tanto la producción de leche como el incremento total de sólidos durante la lactancia, lo que se traduce en un mayor retorno económico para el productor (Fergunson, Galligan, Balnchard y Reeves, 1994).

La producción de leche conlleva un gasto energético para la vaca lechera, en especial en su pico de producción, que es la etapa de la lactancia en la que se da una mayor producción de leche. Por esta razón y porque el animal no logra tener un consumo adecuado de MS, es que el mismo entra en un balance energético negativo, que en caso de ser excesivo, afecta la producción de leche, condición corporal, salud y reproducción, entre otras. Durante varios años, se han estudiado distintas maneras de tratar de minimizar estos problemas, concluyéndose que un uso adecuado de las grasas sobrepasantes ayuda a disminuir los trastornos metabólicos anteriormente citados, mejorando tanto la producción de leche como el incremento total de sólidos durante la lactancia, lo que se traduce en un mayor retorno económico para el productor (Fergunson, Galligan, Balnchard y Reeves, 1994).

Una alternativa que ha tenido gran auge, durante los últimos años, es el uso de grasas (aceites, margarinas o sebos). Sin embargo, pese a una serie de ventajas, éstas tienen sus limitaciones, ya que existe un nivel máximo de inclusión en la dieta, que es aproximadamente de 3 a 5% de la MS. Porcentajes mayores tienen un efecto negativo sobre la fermentación ruminal, debido a la inhibición de los microorganismos ruminales o por adherirse a las partículas de alimento, lo que disminuye la tasa de exposición del forraje al ataque enzimático microbial (Rojas, Quan y Araya, 1996).

Con el objeto de utilizar grasa en la dieta y evitar los problemas anteriormente citados, existe la opción de adicionar grasas sobre pasantes, se denominan así, ya que por su composición sobrepasan el rumen, sin sufrir ningún cambio hasta llegar al intestino. Por esta y otras ventajas, se han transformado en una parte integral de la ración del ganado lechero, especialmente durante la primera etapa de la lactancia (Cabrera y Del Carpio, 2007).
ganagras
Suplementación energética a base de grasas
Según Wilson, (1992) las grasas suplementarias se han transformado en una parte integral de la ración del ganado lechero, especialmente durante la primera etapa de la lactancia, cuando la vaca está en una situación deficitaria de energía. Entre los beneficios de su empleo se incluyen:
1) Incrementar la densidad de la energía de la dieta mientras se mantiene el apropiado balance forraje: concentrado.
2) Determina una disminución del rendimiento de leche por lactancia, problemas reproductivos (concepción retardada) y potenciales problemas metabólicos (hígado graso y cetosis).
3) Disminuir la carga de calor en el organismo durante el clima caliente y húmedo y permitiendo, por lo tanto, consumos mayores de materia seca.
Puede suministrarse una fuente de grasa inerte (o sobrepasante) por encima del nivel máximo de grasa activa, debido a que tiene un efecto reducido sobre la función ruminal. Las grasas inertes se describen como aquellas protegidas del efecto de los microorganismos del rumen y que estos están protegidos de los efectos de la grasa (Edwards, 1994).
Ventajas del uso de grasa sobrepasante
Mediante un adecuado uso de la grasa sobrepasante, se pueden esperar los siguientes resultados: Un aumento de hasta un 10% en la producción de leche, mejora en la producción total de sólidos, mayor prolongación y persistencia de la curva de lactancia, reducción en la aparición de vacas con hipocalcemia, cuando se usan jabones cálcicos como fuente de grasa sobrepasante y mejor condición corporal de la vaca (Rojas y Palavicini, 1996).

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